La transición energética está entrando en una nueva fase, marcada no solo por el crecimiento de las energías renovables, sino también por la transformación de los usos finales de la energía. La electrificación del transporte y de ciertos procesos industriales, junto con nuevos consumos asociados a la digitalización, el hidrógeno verde y la electromovilidad, está redefiniendo la demanda eléctrica y la forma de planificar, operar y expandir los sistemas energéticos.
América Latina y el Caribe parte de una base favorable: en 2025, el 67 % de la electricidad generada en la región provino de fuentes renovables. Sin embargo, el crecimiento de la demanda exigirá reforzar la seguridad, resiliencia y fiabilidad de los sistemas. Bajo un escenario de descarbonización acelerada al 2050, OLACDE estima que el consumo eléctrico podría crecer un 156 %, lo que requeriría triplicar la capacidad instalada e incorporar cerca de 1.000 GW adicionales de generación y 80 GW de almacenamiento en baterías.
La electrificación ofrece oportunidades para descarbonizar el consumo, reducir la dependencia de combustibles importados, mejorar la eficiencia y desarrollar nuevos sectores productivos. Al mismo tiempo, plantea desafíos de inversión, infraestructura, regulación y acceso. La mesa redonda analizará estos cambios y las políticas necesarias para convertir la electrificación en una oportunidad de desarrollo sostenible, competitividad y justicia energética para la región.